Primero debo agradecer al profesor Atilio Borón por su presentación, que está desarrollada con mayor profundidad en el artículo de << Por el necesario (y demorado) retorno al marxismo >> , en teoría marxista hoy problemas y perspectivas. Solo quería felicitarlo y además agradecer el tratamiento de la dialéctica que, desde su óptica, ofrece más que el imperativo metodológico tan bien esbozado y criticado por Kosik, en términos de una regencia particularista y sustancialista a la dialéctica, que nada tiene que ver con la sustancia dinámica de la cosa en sí, y menos con la dialéctica marxista, que sin caer en esencialismo idealista, hace referencias a una síntesis práctica, humanizada e histórica, de la actividad del hombre/mujer.
Para trabajar la primera clase propongo analizar y ejemplificar dialécticamente la situación (desigual) de Chile. Aún sin un gran conocimiento acabado de lo que se refiere a esta formación social, con su patrón de acumulación específico, el conjunto de particularidades, la idea sería trabajar un tema general como lo es el gobierno del << neo-derechista >> de Piñera(con al convivencia desigual de facciones en la composición heterogénea de un proyecto de clase) como fenómeno o expresión contradictoria de un conjunto de relaciones sociales marcadas por << la necesidad >> de una transformación revolucionaria, en el marco de las desigualdades, pobrezas, precarización, represión, etc., en el análisis de la totalidad concreta. Es algo en lo que me encuentro trabajando, pero creo que es imposible presentarlo como el trabajo de una semana, o de tan solo una clase, ya que reviste un análisis histórico, de la meta-estructura (Bidet), de la lucha de clases, de los dispositivos de disciplinamiento, control, etc., en la (re)constitución de una subjetividad, etc., a través de vínculos y nexos que se encuentran articulados y altamente diferenciados.
Con respecto a lo señalado en el texto sobre la “omnipresencia del conflicto social” tengo mis aprehensiones. Por una parte parece resaltarse la omnipresencia como una ley orgánica social, en la constitución de las relaciones sociales que si es usado como doxma puede desligar los análisis concretos de la realidad por una sentencia categórica e imperativa que puede imprimir de simplismo los análisis en cuestión. Por otra parte “conflicto social” parece provenir de una visión funcionalista en el área de la sociología, por lo cual no entronca con la idea de lucha de clases, sino que se presta para una arbitrariedad oportunista en cuanto a un análisis de, por ejemplo, la lucha de clases misma, en un espacio histórico determinado, como centralidad en cuanto al análisis y praxis marxista revolucionaria, decodificándola en relación a aspiraciones liberales y pequeño-burguesas (eso se ha visto en la historia del análisis de lo que llamamos " sociedad ").
En éste sentido podemos decir de que no responde a un “conflicto social” etéreo, sino que responde a las condiciones de reproducción, autocreación, en un totalidad concreta, de/por las relaciones sociales, y por lo cual, naturalizar la idea de << conflicto social >> sin plantear sus “usos” económicos en el campo de la disciplina o de las ciencias sociales, puede dejar abierta un espacio para la interpretación oportunista-liberal, que no aterriza, contextualmente, las características del mismo conflicto, con la incorporación de “nuevas” formas de exclusión, explotación, invisibilización, colonización y represión. En ello es importante darle el contenido real y semiótico de lo que se entiende como <
Desde lo anteriormente señalado es que La lógica de la contradicción, entendiendo la lógica de la historia como contradictoria y sintomática, podríamos decir que la conceptualización y categorización del << conflicto social >> se instala en el espacio de la esencia y la apariencia, en el marco del análisis dialéctico. Es lo que bien explica Gadamer en su estudio sobre la lógica en Hegel, o la dirección que Kosik nos ofrece en la relación de las categorías utilizadas por Marx en el marco de El Capital, en referencia a metodológicamente sobre la falsa conciencia y comprensión real de la cosa, la contradicción presente en la reproducción de las relaciones sociales capitalistas:
Fenómeno esencia
Mundo de la apariencia mundo real
Apariencia externa del fenómeno ley del fenómeno
Existencia real núcleo interno, esencial.
Movimiento visible movimiento real interno
El carácter radical del método dialéctico es la idea sentada en la descomposición señalada en términos hegelianos en la fenomenología del espíritu. El mundo de las representaciones, los fenómenos, sus mediaciones, sus contradicciones internas, etc., que no quedan de pie, al ser articuladas a una totalidad concreta. El movimiento del pensamiento y la reflexión, la distinción, la negación como elementos que identifican alienación, cosificación y reificación presentan una muestra del poder (des)constructivo de la dialéctica y su comprensión superior de la realidad, más allá del empirismo situacionista, de los paradigmas de la super-determinación (aquí no hablamos de condicionamiento) de las partes al todo, y del todo a las partes. Su forma dinámica de entender un devenir es lo que presenta una radicalidad en entender y reflexionar sobre la historia y las relaciones sociales (y el sujeto mismo).
La conceptualización en los “ mercados lingüísticos ” ofrece una serie problematizaciones para desentrañar el contenido semántico, articulado a una expresión académica de clase (social), y su expresión en el marco de una totalidad concreta que lo conforma de sentido y de existencia. Este ejercicio de moverse en cada espacio para desfalsificar el (des)uso de categorías muestra claramente su real esencia en función con los agentes discursivos, el texto, la situación contextual y la red de (inter)comunicaciones en la formulación de discursos que objetualizan la categoría “ conflicto social ” como un elemento apropiable, asible a un espacio de referencia único (o hegemónico) que es necesario, en nuestro caso, disolver, por motivos epistémicos y políticos.
En la actualidad el marxismo libra aún la constante “ lucha interna ” (externalizada en la banalización) sobre el determinismo estructuralista y la dialéctica idealista. En el plano de estas tradiciones que se enlazan en algunas experiencias teóricas en el siglo XX y XXI, vamos viendo el inicio de una gesta que marca un camino a la (seudo)intelectualidad común y silvestre que habita los espacios de la academia, y al espectro de las organizaciones revolucionarias que requieren de elementos de concreción en análisis de la situación política, en cuanto a la correlación de fuerzas, las tendencias en la lucha de clases, los cambios en los patrones de acumulación, etc.
Luego de una ortodoxia-dogmática en el marxismo, como corriente hegemónica de “ lo que se entiende por marxismo ”, en términos generales, ofrece un panorama sombrío en el cual me hace pensar que no necesariamente estamos vacunados por la tradición (des)formativa del "marxismo-leninismo" (de arraigambre stalinista), por lo cual cada vez lo debates deben hacerse más intensos en desfalsificar categorías, en desentramar ruedos conceptuales, artilugios tautológicos y vacíos categoriales. Para ello no podemos ya dar “ todo ” por supuesto, ya que este proceso a veces tiende a la naturalización de las cosas y las relaciones sociales, lo cual hace que la reflexividad y el pensamiento (dialéctico) se encuadre en un marco determinista, estructuralista y cerrado. Es necesario instalar dispositivos reflexivo/críticos permanente, como único camino explicativo, analítico desde, (y ¿por que no?), la lógica hegeliana.
De ninguna manera y como siempre hay mucho que combatir y menos dejar algo así en el aire sin una discusión que precise claramente los conceptos a utilizar (ver lo dicho por el profesor Borón en referencia a la utilización de las palabras, el lenguaje y el idioma en Marx en referencia a la contradicción entre determinación y condicionamiento). Ahora el concepto de reificación no sé si calza aquí, creo que si hay un oscurantismo y una obnubilación ideológica, a partir de un discurso hegemónico que impera en las ciencias sociales, lo cual más bien implicaría una cosificación de la contradicción (como, por ejemplo, el rol de la institucionalidad e institucionalización del “ conflicto social ”). Pero ¿qué es necesario para cosificar el antagonismo de clase? Una invisibilización y una suplantación parece ser más apropiada, y para ello el conflicto social, desde su emergencia y contingencia, la cual parece ser categorizada o descrita constantemente como “ altamente compleja ”, muestra las huellas de una serie de cambios políticos e históricos que han echo de ciertos debates que representaban un ejercicio irruptivo y subversivo en su momento (y en su espacio), el convertirse en apéndices integrales de la cosificación de las relaciones sociales por el paradigma dominante al interior de las ciencias sociales y del discurso político de la clase dominante.
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